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Actualización: 08/09/2010 13:05:34

RECURSOS BÁSICOS DE ATENCIÓN A LAS PERSONAS SIN HOGAR (PSH) EN MADRID. José Juan Vázquez Cabrera



Pese al avance producido en los últimos años en la atención a las PSH -evolucionando desde un modelo con un marcado carácter asilar hacia un modelo que busca procurar la rehabilitación y reinserción- ésta, a nivel general, sigue centrada en lo asistencial: la mayoría de los recursos se orientan hacia la cobertura de necesidades básicas, tales como alojamiento, comida, ropa o aseo. 

Los dispositivos de carácter asistencial para las PSH -albergues, comedores sociales, roperos...- pueden ser considerados como recursos válidos, necesarios para responder a situaciones de necesidad, siempre y cuando sean capaces de desarrollar programas que favorezcan la convivencia social y el proceso de normalización. Sin embargo, la mayor parte de ellos, y de forma especial los albergues, siguen sin ser lo que se pretende: centros orientados a la atención de urgencias o a permanencias transitorias, únicamente hasta conseguir la normalización de la persona o determinar el lugar donde pueda ser acogida de forma permanente.  

La percepción de los albergues como instituciones represivas o asilares, presentes todavía de forma subliminal en algunos centros, supone una importante dificultad de cara a la normalización de los usuarios. Resulta lamentable la tendencia de muchos albergues a convertirse en una especie de depósito residual que recoge lo que los demás sistemas de protección han dejado de lado por sus rigideces o insuficiencias.
De esta forma, estos recursos se ven sobrecargados con la atención a problemas que no han sido atendidos desde las redes de servicios sociales y sanitarios.  

La insuficiencia e inadecuación de la atención social comunitaria a personas mayores, minusválidos, enfermos mentales crónicos, inmigrantes, mujeres maltratadas, toxicómanos, personas con problemas de alcoholismo, parados de larga duración, expresidiarios... fuerzan a muchos albergues a acoger a estas poblaciones ante la inexistencia de recursos sociales especializados en su atención y cuidado.
Esta tendencia de los albergues a dar acogida a un colectivo tan enormemente dispar genera problemas de convivencia en los centros y limita la eficacia de los procesos de normalización, disuadiendo a potenciales usuarios de utilizar estos recursos. Sería de gran importancia evitar la condición de “cajón de sastre” de los albergues, asumiendo las administraciones competentes el trasvase de personas con problemas especiales desde los albergues para PSH a dispositivos especializados.

Por otra parte, sólo si se pretende realizar una función meramente asistencial pueden ser de utilidad los macroalbergues o macrocomedores sociales. Cuando lo que se busca es generar procesos de reinserción social se hace necesario tender a la creación de unidades convivenciales pequeñas - como pisos tutelados-, oferta que en la ciudad de Madrid resulta ínfima.


Aunque es difícil determinar el número de plazas adecuado para la potenciación de procesos de reinserción social, la línea de promoción de centros debería encauzarse a la fundación de pequeñas unidades convivenciales, dejando los grandes centros actuales para casos de emergencia y permanencias circunstanciales o transitorias hasta la integración en centros especializados. Igualmente, parece necesario avanzar en la implantación de un abanico más amplio de dispositivos y programas: centros de día, programas de rehabilitación psicosocial, alternativas de alojamiento comunitario, programas de orientación y rehabilitación laboral, programas de promoción de empleo, equipos de seguimiento y apoyo social, etc. que, en su conjunto, facilite a las PSH avanzar en sus propios e individualizados itinerarios de rehabilitación y reinserción. 
 

Pero, considerando los escasos recursos destinados por las administraciones para hacer frente a las necesidades de las PSH, parecería injusto orientar éstos hacia la creación de recursos “exquisitos”, dejando de cubrir los aspectos más imprescindibles para la subsistencia y abandonando la atención a los colectivos más degradados frente a colectivos de pronóstico positivo. Asegurar la atención de las necesidades más primarias es una obligación social. No se puede permitir que permanezcan en la calle, a la intemperie o sin comida, personas con riesgo de padecer frío o inanición.
Pero dado el desarrollo de la sociedad española resulta inadmisible la creación de dispositivos “tercermundistas”, donde para proteger a las personas del frío y el hambre se les hacine en el suelo en colchonetas ofreciéndoseles un bocadillo.

No conviene olvidar la existencia de una población de PSH que, por diferentes motivos, prefieren prescindir de la utilización de recursos, población que debieran disponer de dispositivos básicos -en las debidas condiciones- que atiendan sus necesidades, sirviendo de posible nexo de unión con la red de servicios especializados.

Acercar los recursos a las PSH que no realizan demandas es otra necesidad que se encuentra sin cubrir. La adecuada difusión de la información sobre los diferentes dispositivos y servicios que en ellos se ofrece –asignatura pendiente en la ciudad de Madrid- es condición necesaria, pero no suficiente. Tanto desde los servicios sociales comunitarios como desde los recursos específicos para PSH se reconoce que la intervención, en general, se produce cuando el problema ya se ha instalado y la atención se presta ante la demanda.


Hasta ahora ha predominado un enfoque asistencial con un estilo de atención de espera, lo que resulta insuficiente y no se ajusta muy bien a la especificidad y naturaleza de la problemática de las PSH. Muchas PSH no acuden de forma regular a los servicios ni se adaptan a sus normas y lógicas de funcionamiento.

Es necesario promover una orientación y un estilo de intervención activo, flexible, con una actitud de búsqueda, que no espere que llegue la población sino que se implique en la detección de sus necesidades, en la identificación y la captación de personas con dificultades, en el acompañamiento y apoyo comunitario que favorezca la participación e implicación de los afectados tanto en la utilización adecuada de los servicios disponibles como en el desarrollo de sus itinerarios individualizados de reinserción social.

La prevención es, sin duda, otra de las grandes asignaturas pendientes. Apenas existen medidas suficientes de política social en las áreas de vivienda, servicios sociales, servicios sanitarios... que actúen frente a situaciones de precariedad personal y social y, por tanto, en riesgo de caer en procesos de deslizamiento hacia la situación de sin hogar.

Del mismo modo, una vez iniciado el problema, no existen prácticamente respuestas ágiles y flexibles que permitan ofrecer una adecuada intervención, evitando la consolidación y cronificación de la marginación. Para finalizar, desearía recalcar la necesidad de profundizar en el desarrollo de investigaciones que procuren datos contrastables, tanto sobre las diferentes circunstancias que rodean a las personas en la situación de sin hogar como en relación a la eficacia real de los recursos orientados hacia ellas, evitando de esta forma que, a la hora de diseñar políticas preventivas o paliativas, las administraciones se vean en la necesidad de recurrir a aproximaciones de carácter intuitivo.
 
 
José Juan Vázquez Cabrera
Facultad de CC. Psicología Departamento de Personalidad, Evaluación y Psicología Clínica

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